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Tenemos que hablar (ahora)

  • Foto del escritor: cesmmyt
    cesmmyt
  • 18 jun
  • 14 min de lectura
En 2025 el suicidio se transformó en la principal causa de muerte violenta en la provincia de Santa Fe. El Estado debe romper con años de invisibilización y silenciamiento para ocuparse del asunto. Nota original de Carolina Taffoni para Iceberg, con declaraciones de la presidenta del CESMMyT, Celina Pochettino.


Podemos hablar de muertes por enfermedades, por homicidios o por accidentes, pero cuando se habla de suicidio se baja la voz, se usan eufemismos o se pasa rápidamente a otro tema. Esto si es que se habla, porque lo más probable es que nadie quiera ni mencionarlo. Sin embargo, en una sociedad donde los números mandan, un dato reciente no pudo soslayarse y el tema siempre silenciado pasó a ser titular: durante 2025, el suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en la provincia de Santa Fe, superando a las muertes por siniestros viales y duplicando a los homicidios dolosos.


Los números oficiales fueron difundidos en abril pasado en un informe del Ministerio Público de la Acusación (MPA), donde se destaca que se identificaron 377 casos de suicidio coincidentes entre distintas bases de datos y otros 71 adicionales en el sistema propio del organismo, lo que permite estimar el total anual en 448 suicidios.


Para dimensionar la cifra, puede decirse que representa el 46,5% del total de muertes violentas (964 casos). Los mismos datos añaden que “en comparación, los homicidios dolosos fueron 210 (21,8%) y las muertes en siniestros viales 306 (31,7%)”.


Los números impactan especialmente porque los suicidios están invisibilizados en la agenda pública. Mientras en los medios masivos y las redes sociales se habla diariamente de homicidios, femicidios y muertes en accidentes de tránsito, el malestar psíquico que termina en una muerte autoinfligida permanece en las sombras.


Durante 2025 las unidades fiscales del sur santafesino intervinieron en 221 hechos vinculados a suicidios, cerca del 49% del total provincial. De los 221 casos registrados en el territorio de la Fiscalía Regional II, la mayoría se concentró en Rosario, con 167 casos. Después le siguieron San Lorenzo (27 casos), Villa Constitución (11), Cañada de Gómez (9) y Casilda (7).


De acuerdo a datos recientes del Ministerio de Salud de la Nación, un promedio de 22 personas intentan quitarse la vida cada día en la Argentina y son registradas en el sistema sanitario. También se reveló que un adolescente se suicida por día en el país, y el suicidio es la segunda causa de muerte de chicas y chicos entre 10 y 19 años.


Ante la escalada de estas cifras, uno no puede evitar sentir una mezcla de impotencia y angustia, al mismo tiempo que surgen todo tipo de preguntas: ¿Se está trabajando desde el Estado provincial para prevenir los casos de suicidio? ¿Qué recursos hay disponibles en la salud pública? ¿Por qué no se ven campañas de difusión a nivel masivo? ¿Por qué se habla tan poco del tema?


“El suicidio tiene una larga historia de invisibilización y silenciamiento”, dijo en charla con Iceberg la psicóloga Celina Pochettino, ex directora de Salud Mental de la provincia. “Hay muchas confusiones con respecto al tema del suicidio, que se han sostenido hasta hace muy poco incluso por voces autorizadas, que decían que hablar de suicidio generaba un efecto contagio. Esa confusión aún no termina de caer, no termina de desarmarse como obstáculo para hablar del tema”, explicó.


Celina Pochettino, psicóloga y presidenta del CESMMyT
Celina Pochettino, psicóloga y presidenta del CESMMyT

La profesional agregó que “esta es una problemática que sensibiliza mucho, porque todos tenemos alguna historia cercana de suicidio. La muerte autoprovocada tiene que ver con un duelo, una situación inesperada y sumamente dolorosa para las personas allegadas a las que les toca pasar por este acontecimiento. Y la elaboración de una pérdida de semejante dimensión tiene efectos. Hay algo de la dificultad de tramitar las pérdidas y los duelos, que además tiene mucho que ver con los padecimientos de esta época”, señaló.


Aquí corresponde hacer un poco de historia para poner el tema en contexto. Hasta finales de los años 80 predominó la recomendación de evitar la difusión sensacionalista de noticias sobre suicidios, basada en la noción del “efecto Werther”: la hipótesis de que ciertas coberturas mediáticas podían producir fenómenos de imitación o contagio.


Sin embargo, esta orientación no implicaba una prohibición general de hablar sobre suicidio. Lo que se desaconsejaba era la publicación de notas de alto impacto emocional, con descripción detallada del método utilizado o causales simplificadas del tipo “se suicidó porque lo despidieron” o “porque su pareja lo dejó”. Es decir, narrativas reduccionistas que tendieran a presentar al suicidio como una respuesta lineal a un acontecimiento puntual, desconociendo su multicausalidad.


El viraje más reciente, consolidado desde los años 2000, introdujo un cambio de enfoque: ya no se trata solamente de minimizar riesgos comunicacionales, sino también de identificar formas de comunicación con potencial preventivo. Entonces se comenzó a hablar del “efecto Papageno”: la difusión de relatos de personas que atravesaron crisis suicidas y lograron encontrar alternativas y recibir ayuda o construir salidas subjetivas.


Recién en las últimas décadas se pasó de la pregunta por si debía hablarse o no del suicidio (con énfasis en evitar efectos de contagio) a la pregunta por cómo hablar del suicidio de manera responsable, orientada a la prevención.


Según Pochettino, se han derribado algunos mitos sobre el suicidio, pero no todos. “El mejor modo de prevenir es hablar sobre el tema, y también detectar a tiempo que alguien, ante ciertos dolores, ante sus malestares, está pensando en quitarse la vida, que es una idea mucho más común de lo que creemos. Claro que hay que hablar de una manera cuidada, responsable, en ciertos contextos”, enfatizó. “Después de la pandemia se habla mucho más de salud mental, tal vez de una forma muy generalizada, pero creemos que es necesario que las políticas públicas incluyan la formación en salud mental para la comunidad, que todos tengamos herramientas para detectar cuando hay una situación de vulnerabilidad, de riesgo. No hay manera de prevenir si el tema sólo está a cargo de los expertos y los profesionales. Tiene que ser algo tomado por las familias, los comunicadores sociales, por los contextos educativos, sobre todo si pensamos que la población adolescente es una de las más afectadas”, afirmó.


Estrategias, mesas y diálogo


El Ministerio de Salud de Santa Fe trabaja actualmente en los ejes del Programa Provincial para el Abordaje del Suicidio, que comenzó en 2023, y que se enmarca en la ley nacional de prevención del suicidio número 27130.


“Estamos hablando de una problemática súper compleja, que tiene una multicausalidad enorme”, dijo a Iceberg el psicólogo Gonzalo Chiesa, secretario de Gestión y Fortalecimiento Institucional del Ministerio de Salud de la provincia. “Nosotros entendemos que es el Estado el que debe asumir la rectoría de todas las estrategias que se dan en lo territorial y también en el poder central”, puntualizó.


El funcionario explicó que ya se empezó a trabajar por región con las MIRAProS (Mesa Intersectorial Regional de Abordaje y Prevención del Suicidio). “En estas mesas nos sentamos todos los actores del territorio a trabajar la misma temática y a tratar de construir un lenguaje común. Un objetivo muy importante es pensar la corresponsabilidad que tenemos en el abordaje de la problemática del suicidio, porque si no queda muy ligado a que lo resolvemos con más psicólogos y psiquiatras, y nosotros entendemos que no es el único modo de abordaje posible”, afirmó.


Las mesas están funcionando en las regiones de Reconquista y Venado Tuerto, y el pasado 2 de junio se conformó la mesa de Rosario, que se presentó en el salón Walsh de la Sede de Gobernación. En estos encuentros participan el gobierno local, el coordinador de salud mental de cada región (son seis regiones), los delegados regionales de Educación y Seguridad, representantes de hospitales y centros de salud, e integrantes de comisiones de clubes y asociaciones religiosas. “Acá se piensan estrategias de tipo preventivas conjuntas. Trabajamos con un tríptico, que es un folleto, y cada territorio trabaja esto en su localidad con los distintos espacios: clubes, escuelas, iglesias católicas o evangélicas. Además brindamos herramientas de capacitación para que después se vuelquen al territorio y se tengan herramientas de abordaje con las diferentes instituciones”, señaló Chiesa.


Otro objetivo de estas mesas es “fortalecer la prevención en aquellos lugares donde el lazo social se ve un poquito debilitado”, agregó el psicólogo. “Tratamos de trabajar esa cosa más colectiva, de sensibilización, porque el suicidio ha sido un tema muy tabú en la sociedad y en la cultura. Es un tema del que «mejor no se hable», y nosotros vamos con la idea contraria: de esto tenemos que hablar. Nuestro tríptico tiende justamente a derribar mitos con respecto a la construcción del suicidio. El suicidio no tenía palabra, hasta entrada la modernidad no se lo podía nominar, ya viene con ese arrastre producto de la historia”, comentó.


Chiesa aseguró que la respuesta a esta iniciativa resultó hasta ahora “muy favorable”. “En principio el Estado llega para escuchar y para poner palabra. Yo creo que cuando se inauguran espacios colectivos donde nos podemos reunir, y donde puede circular la palabra con cierto nivel democrático y de participación activa, esto ya es un espacio de salud mental en sí. La convocatoria también es buena, y ese es un objetivo más que cumplido, más en este tiempo donde cada uno mira para su lado. La gente cuenta historias cercanas, se lleva información y se lleva herramientas como los factores de riesgo o qué hacer frente a esta situación, todo explicado con palabras sencillas, nada complejo”, subrayó.


Campañas internacionales de prevención del suicidio | Iceberg
Campañas internacionales de prevención del suicidio | Iceberg

La psicóloga Celina Pochettino, por su parte, enfatizó la idea de que el suicidio se puede prevenir. “No todas las personas que tienen ideas vinculas a la muerte por suicidio lo hacen. Al contrario, decimos que se puede prevenir porque en general las personas avisan a sus allegados, a sus lazos más cercanos. La manera de prevenir es que todos y todas nos creamos capaces de poder dar esa primera ayuda, esa primera contención, y no subestimar. Muchas veces se dice: el que lo dice no lo hace, si lo dice no lo va a hacer, y ese es otro mito. No hay que subvalorar ese dicho. Frente a eso, no hay que dejar sola a la persona, hay que armar rápidamente una articulación con otros allegados y familiares para que no esté solo. Y después buscar ayuda profesional. Insisto en esto: la salud mental comunitaria, que todos tengamos herramientas para prevenir, es fundamental. Así como aprendés primeros auxilios, es necesario aprender primeros auxilios en salud mental”, recalcó.


Pochettino, que fue directora de Salud Mental de la provincia entre 2021 y 2023, reconoció que “encontró dificultades” en abordar la problemática del suicidio desde su gestión, ya que el tema “no estaba priorizado”. “Yo soy una convencida que desde el Estado hay que darle continuidad a las políticas públicas que son interesantes. Pero con respecto a suicidio no había nada organizado. Y la provincia tampoco tenía un plan de salud mental. Hay una ley provincial, que es del 91, y está la ley nacional hoy puesta en cuestión, pero la provincia no tenía un plan sobre cómo implementar ciertas políticas”, reveló.


La ex funcionaria y su equipo se pusieron como objetivo trazar un plan y construirlo participativamente. “Hoy la provincia tiene un plan poco conocido, y eso es parte de la poca difusión que tienen las políticas de salud mental. La gestión actual dice sostener ese plan, que es hasta el 2028. Dentro de ese plan nosotros logramos armar cinco programas: el primero y único que salió aprobado fue el de prevención del suicidio. En ese momento tuvimos mucho apoyo del gobierno nacional y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dos cosas que lamentablemente se desarmaron. Hubo una iniciativa especial sobre salud mental de la OMS para la Argentina, y eso permitió, por ejemplo, que Argentina declarara al suicidio de notificación obligatoria. Los datos no son sólo una cuestión técnica, son los que permiten orientar las políticas públicas”, remarcó.



Cortocircuitos en el teléfono


La línea de asistencia al suicida en Santa Fe tiene una historia larga pero interrumpida, con tensiones y conflictividad en el medio. Actualmente la provincia no posee una línea de asistencia específica, y entonces para esos fines se utiliza el 107, el número gratuito de emergencias médicas.


Entre 1988 y 2015 sí existió un servicio en ese sentido en Rosario, el CAS (Centro de Atención al Suicida), que trabajaba con una guardia de 12 horas, sostenida por estudiantes de Psicología que realizaban ahí sus pasantías. El espacio dejó de funcionar por inconvenientes relacionados con el trabajo voluntario, que no estaba regulado por la ley de salud mental de la provincia.


La psicóloga Miriam Ledesma, ex coordinadora del CAS, recuerda bien aquella experiencia. “El centro comenzó a atender en abril de 1988. El director era el doctor José Somenzini. Yo entonces era estudiante de psicología y me presenté como voluntaria. La experiencia fue maravillosa”, dijo a Iceberg. “Todo aquel que estudiaba psicología y pasaba por el CAS, cuando tenía un paciente adelante, era como si ya hubiese tenido mil, porque la escucha se supervisaba todas las semanas, se aprendía un montón y teníamos a ese maestro que era José Somenzini. Por eso yo estuve en el servicio 20 años ad honorem, porque era algo realmente útil para la sociedad. El CAS estaba muy instalado en la población: salía en el diario La Capital entre los números de emergencia, estaban pintadas las paredes de Rosario con el número y había stickers con el número pegados en los colectivos. Estábamos conectados con el Sies, con Bomberos y Policía. Siempre nos respondían cuando había una urgencia”, relató. Según Ledesma, el CAS no pudo sostenerse “por una decisión política”.


Años después, Pochettino, como directora de Salud Mental, trató en vano de reflotar el CAS. “Dediqué mucho tiempo de mi gestión a que ese 0800 que se creó para la pandemia del Covid, y que se armó con muchos recursos, se trasformara luego en un número de asistencia al suicida. Pero no tuve acompañamiento del Ministerio de Salud”, recordó.


Miriam Ledesma sumó que “en nuestra provincia no se cumple la ley 27130 de prevención del suicidio, la cual expresa claramente la puesta en funciones de una línea de atención. La línea telefónica de asistencia al suicida es, en sí misma, una herramienta fundamental para la prevención. Esto está comprobado”, enfatizó.


Gonzalo Chiesa, por su lado, defendió el uso de la línea 107 de emergencias, y afirmó que el personal se encuentra capacitado para atender casos de intentos de suicidio. “Hemos hecho muchísimas capacitaciones con los radio operadores para que sepan estar atentos cuando aparecen este tipo de situaciones, y derivar cuando corresponde”, aseveró.


El secretario de Gestión y Fortalecimiento Institucional destacó además las funciones que cumple “la guía de cuidados y abordaje” para los equipos de salud de toda la provincia. “Esta guía aborda los suicidios, los intentos de suicidio y el tema de las autolesiones, y está pensada para hospitales de máxima complejidad y para centros de salud más básicos. Las capacitaciones están pensadas para los equipos de salud, y no solamente para los equipos de salud mental. Esta guía marca protocolos para situaciones de riesgo medio y riesgo alto, y también ubica los códigos para hacer una buena carga de la información que se va recolectando en el territorio. Santa Fe es la única provincia que tiene un código específico de carga para la autolesión sin ideación suicida, y eso nos permite diferenciar a aquellas personas que se autolesionan por sentir un alivio, según refieren los usuarios, de aquellas personas que se autolesionan con una intencionalidad de quitarse la vida. Esto nos permite hacer una lectura diferenciada”, subrayó.


El 10 de septiembre es el Día Mundial de Prevención del Suicidio y se ha establecido el color amarillo como identificatorio de la fecha.
El 10 de septiembre es el Día Mundial de Prevención del Suicidio y se ha establecido el color amarillo como identificatorio de la fecha.

¿Qué pasa con las campañas?


Si bien las cifras de suicidio en nuestra región y en la Argentina vienen creciendo desde la época de la pandemia, hasta ahora no se han visto campañas de prevención masivas y sostenidas ni en los medios tradicionales ni en las redes sociales. Sólo se recuerda el tema en las redes los 10 de septiembre, el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, y después el interés se desvanece.


“Estamos pensando una campaña para trabajar la cuestión de los mitos y verdades”, adelantó Chiesa. “Y estamos trabajando con la secretaría de Comunicación para que se trate de una campaña importante, para que el tema se ubique en la agenda pública y no se enfríe. El objetivo más grande es entender que cada uno, desde su lugar, puede hacer algo al respecto”, comentó.


Las cifras de suicidios en adolescentes, y el fatal tiroteo que tuvo lugar el pasado 30 de marzo en una escuela de San Cristóbal, también ponen en foco la pregunta de si las campañas y las acciones de prevención no deberían centrarse especialmente en los más jóvenes. “En la región de Venado Tuerto se va a hacer un foro donde se convoca a jóvenes para empezar a trabajar”, respondió Chiesa. “Y estamos terminando de armar un convenio con Unicef para trabajar con jóvenes de 13 a 17 años en una caja de herramientas de primera escucha no profesional. Otra idea es traer obras de teatro a las diferentes regiones que aborden la temática, para salirnos un poco de este esquema del psicólogo, el psiquiatra y el turno”, apuntó.


El funcionario destacó también otra cuestión: “En principio elegimos dirigirnos a los adultos porque creemos que hay que fortalecer el rol de los adultos, repensar ese rol. Es importante que los adultos ocupen el lugar de adultos, sobre todo en estos tiempos”.


Desde otra mirada, Pochettino opina que el núcleo de prevención deberían ser las escuelas. “Hay que empezar por la formación en las escuelas, formación para docentes y padres. Haría una articulación de la política pública de Salud con la de Educación. Las escuelas son estos espacios sostenidos de encuentro que tanto necesitamos. En la salud pública y en los consultorios escuchamos muchas necesidades de docentes y padres requiriendo información de cómo acompañar a los jóvenes hoy. La forma de prevenir las crisis en salud mental y los suicidios es formar en salud mental comunitaria en las escuelas. Y de las mismas escuelas podrían también salir las campañas de prevención, con los jóvenes protagonizando esas campañas”, indicó.


Un momento de “pérdidas permanentes”


El suicidio siempre es señalado como un fenómeno multicausal y complejo, que involucra factores emocionales, sociales y culturales. Sin embargo, las estadísticas indican que esta problemática aumentó ostensiblemente en los años posteriores a la pandemia. “Las crisis en salud mental aumentaron un 70 por ciento con la pandemia, según un informe que se hizo en varias provincias. Y también hay un incremento con claridad de los suicidios”, afirmó Pochettino.


“Todavía nos falta estudiar y profundizar en las consecuencias de la pandemia, porque lo que pasó en ese tiempo es lo contrario a lo que se recomienda para tener salud mental, que es afianzar los lazos sociales”, argumentó.


En 2023, en Argentina, los suicidios superaron por primera vez a las muertes por accidentes viales y se convirtieron en la principal causa de muerte violenta, situación que volvió a repetirse en 2024. En el Gran Rosario, entre 2020 y 2022, el número de suicidios se duplicó: de 232 casos pasó a 460, de acuerdo a datos del MPA. El año pasado, un informe de la Universidad Austral reveló que en 2023, por primera vez en el país, el suicidio se transformó en la principal causa de muerte entre mujeres de 10 a 19 años, marcando un hito histórico de vulnerabilidad.


“Tenemos que leer cómo se presentan los malestares de esta época, con los entornos virtuales ganando tanto terreno en nuestras juventudes”, dijo Pochettino sobre las posibles causas. “Está probado que el acceso generalizado a pantallas genera consecuencias en la subjetividad de las infancias y las adolescencias. Los adultos tenemos el desafío de alfabetizarnos respecto a dónde acceden los chicos para poder acompañar. No es para culpabilizar adultos, pero es tal el lugar que las pantallas tienen en lo cotidiano que requiere que estemos a la altura. Es un problema de esta época, y falta mucha regulación también al nivel de las grandes empresas tecnológicas. Hay que formar a padres y docentes en el acceso a estos contenidos y en cómo acompañar a los niños y adolescentes”, remarcó.


Con respecto a los jóvenes, señaló además que “en Rosario tuvimos dos encierros: el de la pandemia y el vinculado a los casos de extrema inseguridad”.


“En los contextos de inseguridad los chicos salen menos al espacio público y eso potenció también los espacios virtuales. Nos encontramos con jóvenes menos autónomos, que a veces no se animan ni a tomar solos un colectivo, y eso va en contra de los encuentros personales y de la salud mental”, enfatizó.


Otro factor que desestabiliza y genera angustia en estos tiempos son las crisis económicas y la precariedad de las condiciones de vida, que se dan en Argentina y también en otras partes del mundo. “Las pérdidas económicas y el desempleo tienen un vínculo directo con la problemática del suicidio, sin que tenga que haber ningún antecedente de padecimiento de salud mental previo”, aseguró la psicóloga. “Cualquier persona podría ser vulnerable a ideas de suicidio sin tener ningún antecedente. Todos estamos expuestos”, explicó.


La profesional -que preside el Centro de Estudios Salud Mental, Memoria y Transformación- también apuntó que “estamos viviendo en una época que tiene dificultades con los excesos, con la paradoja de quedar expuestos a un mundo que ofrece consumir y ofrece satisfacciones rápidas. Por un lado están el rendimiento y el consumo como salida a los malestares, y a la vez hay un empobrecimiento agravado, cada vez mayor y más restrictivo. Esa paradoja de pérdidas permanentes y de no tener cómo resolverlas nos deja en modos de padecimiento. Estamos en un momento de pérdidas permanentes”, concluyó.


Si necesitás ayuda o conocés a alguien que la necesita, podés acercarte a cualquiera de los centros de salud, hospitales o efectores médicos de tu ciudad o comunicarte telefónicamente y de manera gratuita al número 107, donde el llamado es personal, confidencial y anónimo.


Artículo de Carolina Taffoni para Iceberg , publicado el 18 de junio de 2026.

 
 
 

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Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina

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